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Mata la Culebra

El Mataculebra en Puerto de la Cruz

 

El mataculebra llega a  Puerto de la Cruz  de la mano de  D. Manuel Díaz, conocido como Manuel Catalina, quien lo trajo de Cuba  a finales del siglo XIX y lo representó mejor que nadie por las calles de la ciudad y otros pueblos de la Isla hasta su muerte en 1948. Sus descendientes, las Catalinas, siguieron representándola en los carnavales  de la ciudad guardando la tradición hasta mediados de la década de los ochenta del siglo pasado.

  

…Los negritos de la culebra también sufrieron la marginación y la indiferencia: no se les menciona en documentos oficiales, ni en los programas festivos, los fotógrafos profesionales raramente los plasmaron…Las escasas fotografías que sobre el tema hemos podido recopilar las guardaban, muy celosamente, algunas de las personas que formaron parte de la comparsa.” Matar la culebra: una tradición canaria de origen afro-cubano. Manuel J. Lorenzo Perera.

 

La recuperación de esta tradición viene a partir del estudio y publicación en 1997 del libro: Matar la Culebra: una tradición canaria de origen afro-cubano, del profesor Manuel Lorenzo Perera, que además inaugura una exposición fotográfico-etnográfica en Puerto de la Cruz y junto con el Grupo Folklórico del Centro Superior de Educación de la Universidad de  La Laguna vuelven a desfilar y representar el ritual por las principales calles de la ciudad.

El rito. La  escenificación

 

Comienza  con el desfile en una  o dos filas según el número de participantes, yendo al frente el negro con la bandera y detrás el mayoral y el negro matador que porta la serpiente. A  continuación la fila de negros vestidos de blanco con sonaja y espada encabezados por los miembros que tocan el tambor marcando el ritmo de la marcha y cantando  “Aquí vamos los negritos, torichicos chacandela, que venimos preparados para matar la culebra.”. Después de desfilar los negritos hacen un corro, dentro del cual se sitúan el mayoral (único personaje blanco, con barba y látigo en mano) y el negro matador. La representación  discurre entre estos dos personajes principales: el mayoral que a base de latigazos  amenaza y pide al negro matador que mate al animal y este con el animal en las manos se muestra temeroso tanto de los latigazos como de la mordida de la culebra, acompañados por los coros de todos los negritos del “Calabazón, son, son”.

Al final el negro matador en medio de los gritos del mayoral decide acabar con el animal clavándole la espada en la cabeza, mientras el coro comienza a cantar la última parte del ritual donde saludan a los presentes y con el sombrero en la mano les piden el dinerito. Forman de nuevo y continúan a matarla en otro lugar.

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